No voy a defender a Valdano, creo que desde hace tiempo debería haber dimitido y hubiese quedado como un señor. Ahora no es más que un calzonazos, es decir, lo mismo que ha sido desde que llegó a la casa blanca. Su función simplemente era ser el ‘entretiene prensa’ mientras Florentino Pérez hacía y deshacía como quería. Su gran aportación fue fichar a Manuel Pellegrini, y le salió rana. Con la llegada del portugués José Mourinho, el ’Antídoto’ contra Guardiola, Valdano perdió protagonismo e importancia en el club, ya que el portugués trajo con él un discurso que convence desde el principio a todo el mundo en Madrid. Desde ese momento el argentino sobraba en el club y se confirmó cuando, después de un partido, tuvo la osadía de no seguir el guión que le exigió el entrenador de criticar la actuación del árbitro. Desde ese fatídico día dejó de hablar con Mourinho, dejó de viajar con el equipo y la puerta de Florentino se cerró de golpe. Valdano era una pequeña isla en un enorme océano.
El poder de Mourinho fue ganando peso a medida que iba pasando la temporada. Mientras Mourinho crecía, Valdano desaparecía. El entrenador portugués quiso que su monólogo contra los árbritos y las instituciones del mundo del fútbol se extendiera a toda costa como un virus por todo el club, la prensa y los aficionados. Quién no lo aceptara sería duramente castigado. Su discurso se convirtió en la biblia del club. Para el presidente eso es hacer madridismo y la ‘central lechera’ sirve de altavoz para una afición que se encuentra perdida ante la falta de juego, de resultados e impotente ante un enemigo gigante que no saben como parar. La afición se lo traga y cree todo lo que escucha, ve o lee. La autocrítica sin embargo, se convierte en una utopía en el club. El Madrid esta temporada dejó de ser un equipo de fútbol para pasar a convertirse en una secta liderada por el portugués. Ahora sólo manda él. Al final ha conseguido su objetivo, pero veremos a que precio. El Real Madrid y más concretamente su presidente, Florentino Pérez, acaba de pulsar el botón de autodestrucción (exactamente igual como cuando despidió a Vicente del Bosque) al destituir a su director general deportivo y también su mano derecha, Jorge Valdano.
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